Manuel Ruiz y su mujer Laura estaban disfrutando de un buen cóctel en la terraza con vistas a la piscina del hotel Golden Taurus Aquapark. Laura tomó la copa del cóctel con su mano y preguntó a Manuel, su marido:
—Cariño, ¿has pensado en las vacaciones del año que viene?
Mientras sus dos hijos, Lucas y Julia, jugaban en la piscina. La voz de Laura tenía un tono soñador, el relax de las vacaciones ya le hacía soñar en las vacaciones del futuro.

Manuel levantó la vista de su libro de historia y, asombrado, preguntó:
—¿Las del año que viene, Laura? Pero si apenas acabamos de empezar nuestras vacaciones aquí en la Costa de Barcelona.

Laura sonrió, una sonrisa cómplice que solo ella entendía.
—Exacto. Precisamente por eso. Este verano está siendo maravilloso, ver a los niños disfrutar de la piscina y los toboganes no tiene precio, pero... ¿y si el año que viene pensamos un poquito más en nosotros?

Manuel la miró con sana curiosidad, dejando el libro a un lado.
—Me intriga esa idea, mi amor. ¿Qué tienes en mente para nosotros?

—He estado dándole vueltas a la idea de ir a un hotel con encanto junto al mar de la Costa Brava. Pero no un hotel cualquiera, Manuel. Mi sueño es uno de esos pequeños hoteles que están a pie de playa, donde no tengamos que cruzar ninguna calle para pisar la arena. ¿Te imaginas? Despertar por la mañana, abrir las cortinas y que lo primero que veas y oigas sea el mar, el suave murmullo de las olas rompiendo en la orilla.

Laura seguía sumergida en su sueño para pasar las próximas vacaciones junto al mar.
—Luego, bajar al comedor, que esté en una terraza con vistas al mar y tomar un desayuno de calidad. Un buen café, fruta fresca, bollería recién hecha, todo con calma, sin prisas, sin tener que pensar en nadie. Y después, simplemente caminar por la arena de la playa. Solo nosotros dos, el sol acariciándonos la piel y el sonido relajante de las olas.

Manuel escuchaba. Al principio se sentía un poco reticente por la idea de dejar a los niños, pero poco a poco la visión de Laura empezaba a seducirlo. La perspectiva de la tranquilidad era un incentivo de peso.
—Suena idílico, Laura, lo reconozco. Pero... ¿y los niños? ¿Los dejamos con los abuelos una semana entera?

Hotel con habitaciones con vistas al mar

Laura asintió con decisión.
—Por una vez, sí. Necesitamos ese respiro, Manuel. Necesitamos reconectar, descansar de verdad. Piensa en nuestra tranquilidad perdida hace años.

Laura ya tenía la información sobre dónde pasar esas vacaciones solos. Su objetivo era hacer una reserva en el hotel Golden Mar Menuda, un hotel con encanto de la Costa Brava.

Su intención era reservar el alojamiento con media pensión. Solo tendrían que preocuparse de disfrutar. Y descubrir calas escondidas entre pinos, el agua cristalina y los pueblos con encanto.
Laura recalcó:
—Mi sueño absoluto sería una habitación con vistas al mar, para despertar y solo ver la inmensidad del mar desde la cama.

El señor y la señora Ruiz necesitan calma y paz. Quieren disfrutar de la serenidad de un hotel junto al mar, dar largos paseos por la playa al atardecer y cenar con el suave sonido de las olas de fondo.

Manuel se levantó y abrazó por la espalda a su mujer, apoyando su barbilla en el hombro de Laura. Mirando hacia el mismo horizonte imaginario le comentó:
—Creo que nos lo merecemos. Después de tantos años enfocados en ellos, un pequeño paréntesis solo para nosotros será necesario.

La idea de Laura, al principio tan lejana, ahora parecía inmensamente atractiva. El silencio, la tranquilidad, la brisa marina en una cala secreta… quizás Laura tenía razón. Quizás era justo lo que necesitaban para avivar la llama de su propia relación de pareja.

 

Juntos observaron la felicidad de sus hijos en la piscina.

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