En la buhardilla de los Ruiz, Manuel buscaba en las estanterías el álbum de vacaciones de cuando era niño y su esposa Laura hacía sus ejercicios de mantenimiento. De repente iniciaron una conversación sobre el eterno dilema de las vacaciones de verano del próximo año. Los niños, Julia y Lucas estaban en sus habitaciones haciendo, o eso pretendían, los deberes de verano del colegio.
—Cariño, en serio, ¿no crees que ya es hora de un cambio? —exclamó Laura, con esa sonrisa seductora que Manuel conocía tan bien—. Este año, propongo algo diferente. Algo mágico... para nosotros dos.

Manuel, intrigado, repitió:
—¿Mágico? Suena caro. Ya sabes que a mí me basta con un buen desayuno y un paseo por la orilla del mar.

Laura seria, sonrió de nuevo, sabiendo que ya tenía la partida ganada.
—Precisamente. Imagínate esto: despertarnos cada mañana con el sonido de las olas, el olor a mar... Un hotel con encanto, Manuel. No un hotel cualquiera, sino uno de esos pequeños tesoros escondidos en la Costa Brava. He estado investigando y he visto un hotel con las mejores reseñas que encaja a la perfección con lo que buscamos. Sería el hotel ideal para el Sr. y la Sra. Ruiz.

Hizo una pausa estratégica, dejando que la imagen se asentara en la mente de su marido.
—Piensa en un desayuno mirando al mar... no el típico buffet, sino uno de calidad, con productos frescos de la zona, tostadas con jamón, zumos naturales recién exprimidos, café de verdad... Y todo esto, tú y yo solos, sin niños.

Vacaciones en un hotel con vistas al mar

Manuel ya estaba prestando más atención.
—Vistas al mar, dices...

—¡Exacto! —exclamó Laura, aprovechando la oportunidad—. Y no solo eso. Imagina bajar de la habitación y tener el mar a un paso, sin cruzar calles. Me ha gustado mucho el hotel Golden Mar Menuda, un hotel con encanto en primera línea de playa, Manuel. Allí, en la Costa Brava podemos despertar y tomar ese desayuno de reyes, y salir directamente a caminar por la arena, descalzos, con la brisa marina acariciándonos la cara. ¿No es ese tu sueño, Manuel?

Él asintió lentamente, no podía negar que la idea le gustaba, como si ya estuviera visualizando la escena.

—Y la Costa Brava... —continuó Laura, su voz adquiriendo un tono más suave y soñador—. Sus calas escondidas y sus aguas cristalinas. El hotel Golden Mar Menuda está en una de esas calas, con ese azul turquesa que te quita el aliento. Sería como tener nuestra propia playa privada.

El silencio se hizo en la sala, solo roto por algún pájaro que andaba sobre el tejado. Manuel la miró, una sonrisa genuina dibujándose en su rostro.
—Un hotel con encanto... en la Costa Brava... con vistas a una cala... y ese desayuno... —repitió, saboreando cada palabra.

Laura se acercó y le tomó la mano.
—Sería un respiro para los dos, Manuel. Un lugar donde disfrutar de la belleza y reconectar, que falta nos hace.

Él apretó su mano.
—Me has convencido, Laura. Un hotel con encanto en la Costa Brava. Creo que esta vez... has dado en la diana.

 

Laura y Manuel ya estaban, en su mente, paseando por la orilla de la cala Mar Menuda, el sol de la Costa Brava acariciando sus caras, y el aroma a mar Mediterráneo en cada respiro.

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