El vapor de las tazas de café recién servido empañaba ligeramente el cristal de la cafetería, creando un ambiente íntimo y confortable, una pequeña burbuja en la ciudad. Laura sostenía su taza con ambas manos, dejando que el calor le reconfortara las palmas, y soltó un suspiro largo, mezclando nostalgia y alivio.
—Ay, Tamara, de verdad... no sabes lo que necesitábamos esta desconexión este verano pasado —dijo Laura, con los ojos brillando al recordar—. Ha sido un acierto total.
Tamara, curiosa y serena, removió su café cortado con suavidad y se inclinó hacia delante, dispuesta a escuchar cada detalle de Laura.
—Cuéntame, porque la última vez que hablamos estabas hecha un lío con la preparación del equipaje —le animó su amiga.
—¡Totalmente! —rió Laura—. Estuve semanas pensando qué llevar al hotel, además llegamos a dudar en algún momento de a qué zona ir de vacaciones. Mi marido insistía en mirar algo por Salou, ya sabes, por el ambiente turístico, pero mi hija prefería ir a la Costa de Barcelona para conocer a su nuevo “crush”. Al final, encontramos el hotel Golden Taurus Aquapark que reunía condiciones que nos gustaron a todos: actividades, piscinas, toboganes acuáticos, frente a la playa y cerca de Barcelona.
Laura dio un sorbo al café y continuó, gesticulando con entusiasmo.
—Es un hotel de playa pensado exclusivamente para familias. Tamara, fue el paraíso. Teníamos pensión completa, lo que significa que no tuve que pensar en qué cocinar ni una sola vez durante las vacaciones. Y el hotel... una maravilla. Tenía varias piscinas y actividades para los niños a todas horas. Los monitores eran encantadores, así que ellos estaban entretenidos y nosotros podíamos respirar.
Laura hizo una pausa, bajando un poco la voz, como si compartiera un secreto de Estado.
—Pero te digo una cosa, lo mejor de todo, sin duda, fue la habitación. Cogimos una habitación familiar. No te imaginas la paz mental que da tener estancias separadas. Los niños tenían su espacio y nosotros nuestra propia habitación con puerta. Intimidad, Tamara. Intimidad y descanso real.
Hoteles Adult Only
Tamara sonrió con ternura, viendo la cara de satisfacción de su amiga. Asintió lentamente, comprendiendo lo vital que era ese descanso para una madre de familia.
—Me alegro muchísimo, Laura. Se te nota en la cara, estás mucho más relajada. Esas habitaciones separadas suenan a gloria bendita para vosotros.
Tamara dejó la cucharilla sobre el plato y se recostó en la silla, cruzando las piernas con elegancia. Su expresión cambió ligeramente, adoptando un aire más soñador.
—Yo también he vuelto renovada de las vacaciones, aunque mi experiencia ha sido... digamos, el polo opuesto —confesó Tamara con una sonrisa cómplice—. Ya sabes, por mi situación sentimental actual, buscábamos algo diferente.
—¿A dónde fuisteis al final? —preguntó Laura, curiosa.
—Estuvimos alojados en el hotel Golden Costa Salou, es un hotel “Adults Only”, también en primera línea de mar —explicó Tamara, cerrando los ojos un instante como si pudiera volver a oler la brisa salada—. Fue increíble. Las instalaciones eran preciosas, muy modernas, pero lo que más impactaba era el relax en todas sus instalaciones.
Laura sonrió, divertida.
—¿Silencio? Esa palabra no existe en mi vocabulario de madre con niños.
—Exacto —rió Tamara—. Estábamos en la hamaca junto a la piscina y lo único que se oía era una suave música y, de vez en cuando, el tintineo de hielos de algún cóctel. Nada de gritos, nada de “mamá, mírame”, nada de bombas en la piscina salpicando tu libro. Se respiraba un relax absoluto. Era como si el tiempo se detuviera.
Ambas amigas se miraron y, tras un segundo de silencio, estallaron en carcajadas. Eran dos mundos paralelos, dos formas de ver el verano, pero ambas habían encontrado justo lo que necesitaban.
—Brindemos por eso —dijo Laura alzando su taza de café—. Por las habitaciones separadas y por el silencio de los “Adult Only”.
—Por unas vacaciones a medida —respondió Tamara, chocando suavemente su taza.
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